Aquí puedes encontrar lo que tengo, lo que pienso y lo que soy. Es mi pequeño desastre y tú, desde este instante, tienes la oportunidad de rebuscar en él. Tu opinión es la que más me interesa, así que déjame oírla. Todos los textos de este blog me pertenecen, así que sé original y hazlo mejor que yo.
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Carteros que se perdieron

miércoles, 2 de marzo de 2016

Mañana es tarde

Hoy ha salido el sol,
y Madrid se ha teñido de una luz amarillenta
que me ha traído recuerdos
de cosas que no he vivido,
he sentido nostalgia 
del propio tiempo que pasa,
he echado de menos
este mismo instante.

Y qué ironía,
todavía estudiante
y sin llegar a las dos décadas,
me he sentido infinitamente vieja.
Me he sentido baúl de recuerdos
que olvida a la velocidad de la luz,
me he sentido calle polvorienta

Me he sentido más lejos de los niños
que de los casados
y me ha venido a la memoria
aquello de
“no tengas tanta prisa por crecer”
que yo nunca comprendía
y que ahora entiendo tan bien

No sé a dónde coño pretendía llegar tan rápido
por qué quería ser mayor
qué ventajas le veía
siento que he perdido imaginación
en cada examen que he aprobado
en cada palabra que he callado
en cada sueño del que huía

Ahora no creo en nada,
ni en los Reyes Magos
el ratoncito Pérez
ni Santa Claus,
ni en Dios y su misericordia
ni en el hombre y su bondad
por no creer
estoy dejando incluso de creer en el amor
del que fui la más fiel feligresa
desde que descubrí que unos ojos
podían no sólo provocarte mariposas
sino darte sus alas

(realmente no sé si estoy dejando de creer en el amor,
en las personas,
o en mí)

No puedo decir que he crecido:
tan sólo he sustituido
unos miedos por otros.
Ya no me asusta el cambio:
me corté el pelo,
me cambié de ciudad,
dejé atrás andenes,
llamé a otro lugar “hogar”.

El miedo a las alturas lo sobrellevo,
la oscuridad casi me atrae
la soledad no es más
que algo pasajero
los monstruos me distraen

Algunas fobias me siguen acompañando
de la mano allá donde las llevo
Algunos vicios son nuevos
y quizá no muy sanos
pero son parte del proceso:
no se avanza si no es andando

Podría decirse
que mis miedos no tienen
más nombre y apellidos
que los míos
que necesito que Nietzsche diga
que Dios ha muerto pero que el amor es eso
que nos mantiene vivos
Podría decirse 
que siento cómo el tiempo se acelera
y yo me distraigo
en posibles universos paralelos

Y qué ironía,
todavía estudiante 
y sin llegar a las dos décadas,
he sentido que la felicidad
no es más que la momentánea ausencia
de la tristeza que produce
el saberse 
fatal e inevitablemente
efímero.




5 comentarios:

  1. Entendemos que no deberíamos tener prisa por hacernos mayores cuando ya es demasiado tarde. Se lo he dicho tantas veces a mi yo del pasado...

    Nos sentimos viejos porque ya no somos niños y lo sabemos, y qué asco.
    Pero mira, nos salen versos, te salen versos que por un momento nos haces dejar de ser efímeros.

    Un abrazo,
    S.

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  2. ¡Sin llegar a dos décadas y un pedazo de poema!

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  3. Y por cierto, el "poquito sobre mí" me recuerda tanto a algo que escribí cuando descubrí el "sabor de las cerezas" en los blogs que no me resisto a escribirlo aquí, en tu casa.

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  4. La felicidad, las ganas de vivir que nos da el saber que somos mínimos, eefímeros, caducos.
    Qué gran poema, todo un acierto descubrirte
    Mil besos!

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  5. Madre mía... hacía tanto que no me pasaba por aquí... Joder, Daw, me has roto. Me miro, y quiero decirme frena. Yo también me siento tan vieja... tengo miedo, un miedo atroz a vivir mal la única vida que tengo, a dejar que se me escape entre los dedos. A ver cómo se marchan personas importantes, a quedarme para siempre metida en esta ciudad que me asfixia. ¿Lo estamos haciendo bien? ¿Qué coño somos? Tan mayores con tan pocos años.

    Impresionante, como de costumbre.
    Un abrazo,
    M.

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