Aquí puedes encontrar lo que tengo, lo que pienso y lo que soy. Es mi pequeño desastre y tú, desde este instante, tienes la oportunidad de rebuscar en él. Tu opinión es la que más me interesa, así que déjame oírla. Todos los textos de este blog me pertenecen, así que sé original y hazlo mejor que yo.
·································································· Twitter ·················· Youtube ················· Tumblr ················· Flickr ··········································································

Carteros que se perdieron

viernes, 17 de mayo de 2013

Nunca es tarde. I

–¡Hora de levantarse!– anuncia alguien tocando con los nudillos en la habitación 104. Madeleine se despereza, sus huesos crujen como la madera de los armarios de aquel lugar. Las ocho de la mañana, consigue abrir un poco los ojos y la luz del sol le hace volver a cerrarlos. Tantea en busca de sus gafas, tirando un pequeño rosario que descansaba sobre la mesita de noche. Nunca ha llegado a usarlo. En la vida ha aprendido que por mucho que ruegues a Dios una buena estrategia para sobrevivir, acabas siendo tú el que mueve la ficha. Se calza unos horribles zapatos viejos, no tan viejos si los comparamos con el reloj dorado que siempre adorna su muñeca. Aunque últimamente no lo mira mucho. En la vida ha aprendido que los segundos, minutos y horas no son más que formas de ponernos límites, así que prefiere ignorarlos. Se incorpora y el equilibrio le falla por un instante, haciéndole recordar los tiempos en los que se tambaleaba sobre sus tacones. Más tarde aprendió a andar a paso firme con ellos, aunque no antes de incontables traspiés. Se viste y se cubre con una rebeca los hombros, quizá más tarde a la brisa fresca de la primavera le dé por jugar una de las suyas. Sale al salón con paso cansado, de quien espera un día que no se va a diferenciar del anterior.

El salón huele a tostadas con mantequilla y cafés con leche. Aunque cualquiera que no lleve más de dos días allí aseguraría que huele a viejo, a abuelos echando de menos a sus nietos o olvidándolos poco a poco. Pero Madeleine, teniendo ya un gran repertorio de arrugas alrededor de sus cristalinos ojos azules, es incapaz de distinguir ese olor, ya que puede que también sea el suyo propio. Un par de señoras con la permanente recién hecha la saludan cortésmente, y más cabezas de cabellos canos las imitan conforme Madeleine se adentra en el comedor. Se sienta en una mesa algo apartada y juguetea con un sobre de azúcar que sabe que no va a poder tomar. La cuidadora que siempre va maquillada le sirve un café minutos más tarde, y ella no se fija en que esta vez no se ha maquillado. Madeleine está demasiado ocupada en observar con curiosidad a un individuo que está sentado con otros hombres y mujeres en la mesa más próxima a la suya, algo callado mientras saborea el pan tostado. De vez en cuando él también la mira, y cuando los de su alrededor están demasiado ocupados discutiendo sobre sus pensiones, le sonríe.

–Qué más da si tienes dinero en el banco o no, Bruce, si luego tus hijos se hartan de ti y te meten en este sitio. Nadie nos aguanta a estas alturas.

–Bueno Candace, si tuviera oro en el bolsillo te puedo asegurar que cualquier jovencita estaría encantada de pasar mis últimos años de vida conmigo. Me aguantaría y, cuando me muriera, haría una fiesta por todo lo alto.

–Prefiero estar en esta cárcel a que alguien me cuide a cambio de la herencia que pueda dejarle, Bill, qué quieres que te diga.

Aquel misterioso hombre que Madeleine no ha visto nunca antes decide intervenir en la conversación al fin. Ella se alegra de que la vejez se haya llevado gran parte de su vista consigo, pero que nunca haya podido arrebatarle su excepcional oído:

–En eso coincido con Candace. Un amor interesado no es amor. No cumple los principios de éste. Y, además, este lugar no tiene por qué ser una cárcel. No si nosotros no le ponemos los barrotes.

Todos le miran desconcertados, sin saber lo que ha querido decir. Segundos más tarde, estallan en una discusión de nuevo, mientras que él vuelve a dirigir su mirada a Madeleine, coge su sombrero y, con una sonrisa en los labios, abandona el comedor.







Hola soñadores, ¿cómo os va?
Bueno, sé que últimamente estoy muy desaparecida, pero lo cierto es que los exámenes consumen todo mi tiempo y, para qué negarlo, tampoco es que la señorita Inspiración haya tocado muchas veces a mi puerta. Pero desde hace unos días quería escribir esta entrada, de hecho tenía las ideas principales apuntadas en el móvil para que no se me olvidara y, bueno, aquí la tenéis. Creo que voy a escribir más partes puesto que este final no es en absoluto el que quería darle pero tampoco quería hacer la entrada demasiado larga. Espero que no os aburra demasiado y que la disfrutéis.

Un abrazo de oso,

Daw. 

9 comentarios:

  1. Muy bonita entrada!!

    ResponderEliminar
  2. Me ha encantado, Daw. Es preciosa, en serio. Ya me apetece leer la siguiente parte jjajaj
    Todos estamos con exámenes, sé lo que se siente, muchos ánimos!
    No dejes nunca de escribir.
    Te admira,
    Ana.

    ResponderEliminar
  3. Dios mío. Que escalofriantemente tierna entrada.
    Me ha encantado <3
    Es preciosa.
    Un besito! :)

    ResponderEliminar
  4. Me suele dar mucha pereza dejar un comentario, pero la verdad es que esta entrada no podía dejarla pasar. Tiene un sentimiento tan dulce y cremoso como la nata del capuchino :D
    ¡Cada vez que te leo escribes mejor! Un saludo :)

    ResponderEliminar
  5. Hola princesa :)
    Siento no haberla leido antes, estoy con exámenes como tú, pero cuando me has dicho que habías publicado una entrada... he tenido que leerla.
    Ya te he dicho millones de veces que me encanta como escribes, es simplemente alucinante. Me sirves de entretenimiento, de puente para entrar en contacto con mis emociones y, sobre todo, de inspiración.
    Cada vez que leo tus textos aprendo algo nuevo, una técnica, un giro que das... y yo voy absorbiendo poco a poco. Tal vez algún día mi prosa llegue a ser casi tan buena como la tuya, ojalá, aunque de momento te tengo como mi maestra a distancia, y como una idola nena.
    Por favor, no dejes de escribir jamás. Te superas con cada publicación.

    Un besazo enorme.
    María

    ResponderEliminar
  6. Dios, estoy de acuerdo con un anterior comentario, este texto tiene demasiada dulzura, provoca un ambiente algo "vintage" o no sé como expresarlo.
    Pero me ha resultado maravilloso,
    Las ganas de vivir y de cambiar esa "Carcel" por algo mejor.
    Estoy ansiosa de leer la segunda parte, y poder enfocar tanto el texto, como este comentario de una mejor manera.

    Gracias por deleitarme siempre,
    Mir.

    ResponderEliminar
  7. En Mi Rincón Vintage estamos de sorteo... y queremos compartirlo contigo.
    Puedes ganar un precioso jersey vintage estampado unisex... visita el siguiente enlace para participar!!!

    CLICK AQUI

    Besos!! :)

    ResponderEliminar
  8. Molto RT, el texto es muy dulce, con mucho sentimiento. Oye Daw, nunca había leído algo así, la verdad.
    Gracias por compartir con tus fieles lectores esta maravilla.
    Hm, RT también a Mir, quiero segunda parte. Ya. Escribe.
    Un besi,
    Lau.

    ResponderEliminar
  9. Hola, al leer un par de entradas tuyas me he llevado una desilusión muy grande... He visto cual fue el día de la última publicación, y me ha entrado la duda de si seguirías escribiendo o lo dejarías, como pasa con otros muchos blogs. Me iré pasando para ver si tengo la suerte de que sigues escribiendo, ya que me ha gustado mucho tu blog. Me ha encantado la entrada de las etiquetas, para la ropa. Un beso!
    http://talvezquizasprobablemente.blogspot.com.es/

    ResponderEliminar

Cualquier cosa que digas, lo que te ha producido esta entrada, si te ha gustado, si tienes alguna crítica constructiva que aportar, si te has sentido identificado...¡cualquier cosa! Será bien recibida, y me sacará una sonrisa que te hayas molestado en dejarme un comentario. ¡Muchísimas gracias pequeño soñador!

PD: Respondo a los comentarios en tu blog, así que no te preocupes que tan rápido como me sea posible te contestaré pasándome por tu rincón.